
Fue uno de los porteros catalanes más destacados de su época por sus brillantes actuaciones. Fue comparado múltiples veces con el célebre Ricardo Zamora, el Divino. Una lesión le impidió debutar con la selección española en 1922. Con la selección catalana jugó en varias ocasiones durante los años 20, entre otros fue convocado en dos partidos con la selección en Zurich y Praga, donde fue suplente.
Se retiró en 1928 y pasó a hacerse cargo del entrenamiento de porteros del club. Murió en Sabadell a finales de 1950. En el estadio de la Cruz Alta tiene dedicada una lápida en su honor.